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  • Boricua de la Diáspora

La importancia del activismo de la diáspora en el movimiento por la soberanía de Puerto Rico

Por Javier A. Hernández*


De cara al próximo referéndum de estatus “Estadidad: Sí / No” en Puerto Rico, los defensores de la soberanía en la diáspora puertorriqueña se han levantado para apoyar la campaña masiva y coordinada en Puerto Rico y en los Estados Unidos del “NO a la estadidad”. Este gran repunte en el activismo de la diáspora para apoyar la derrota de la opción SÍ ha suscitado algunos reclamos de otros puertorriqueños—a saber, los estadistas—de que los activistas puertorriqueños en la diáspora no tienen derecho a oponerse a la estadidad de Puerto Rico. Estos estadistas creen que la diáspora soberanista puertorriqueña debe ocuparse de sus propios asuntos y no inmiscuirse en asuntos importantes para Puerto Rico ya que no viven en Puerto Rico. Mientras tanto, esos mismos estadistas que aborrecen y ridiculizan cualquier apoyo a la soberanía puertorriqueña proveniente de los puertorriqueños de la diáspora apoyan con entusiasmo la participación y las opiniones, tanto de políticos estadounidenses que apoyan la estadidad pero no tienen conexión alguna con nuestro archipiélago, como las de algunos puertorriqueños en la diáspora que favorecen la estadidad.


En efecto, los estadistas—incluyendo los que dicen ser progresistas o liberales y militan activamente en el Partido Demócrata en Puerto Rico—solo quieren que los puertorriqueños de la diáspora que están a favor de la estadidad tengan y compartan sus opiniones sobre el futuro de Puerto Rico, mientras que las voces y los defensores de la soberanía (los partidarios de la independencia o la libre asociación) deben estar amordazados, al igual que en la época ​​de la Ley de la Mordaza y las persecuciones coloniales. Para los estadistas en Puerto Rico y en Estados Unidos, el gran apoyo que la soberanía y la libertad tienen dentro de la diáspora puertorriqueña, particularmente entre la juventud boricua, es alarmante, amenazante y debe ser silenciado e ignorado. Aunque los estadistas argumentan que la diáspora no tiene un rol legítimo cuando se discute el futuro político de Puerto Rico, la historia demuestra una y otra vez que están equivocados.


Históricamente, las diásporas han demostrado ser esenciales en el proceso de descolonización y las luchas de liberación de muchas naciones, y Puerto Rico no es la excepción. Todas las naciones que han luchado por liberarse del colonialismo han contado con el respaldo externo de diásporas patrióticas y simpatizantes para respaldar, financiar y movilizar sus movimientos soberanistas. Consideremos algunos ejemplos:


Durante la resistencia irlandesa al dominio británico, miles de irlandeses-americanos en los Estados Unidos apoyaron, financiaron y ayudaron a movilizar la resistencia irlandesa y la eventual fundación de la República de Irlanda. El primer presidente de Irlanda, Éamon De Valera, viajaba con frecuencia a los Estados Unidos en busca de apoyo y fondos para mantener en marcha la revolución irlandesa. En los Estados Unidos, De Valera recibió la ayuda y el apoyo de muchos irlandeses-americanos, muchos de los cuales tenían familias que se vieron directamente afectadas por el dominio, las leyes y la violencia colonial británica. De Valera incluso buscó y recibió ayuda del líder nacionalista puertorriqueño Dr. Pedro Albizu Campos para recaudar fondos, apoyar y revisar el borrador de la nueva constitución irlandesa. Ningún país le ha pedido a un puertorriqueño estadista que revise ningún tipo de proyecto constitucional.



Durante la lucha de la India contra el dominio colonial británico, miles de indios en el Reino Unido y en otros territorios y países apoyaron el movimiento independentista de Gandhi en la India. Su activismo y sus esfuerzos de cabildeo en Londres ayudaron a conseguir apoyo, recursos y buena voluntad, y presionaron aún más al gobierno británico para que “saliera de la India” (Quit India), como propuso Gandhi. La diáspora masiva y activa de la India fue fundamental para garantizar la libertad de ese país.


Con respecto a Puerto Rico, el Dr. Ramón E. Betances organizó y lanzó el Grito de Lares en 1868 desde la República Dominicana, con el objetivo de liberar a Puerto Rico del dominio español. El Dr. Betances abogó por la libertad de Puerto Rico como un puertorriqueño de la diáspora exiliado en París. Estos puertorriqueños de la diáspora patriótica abogaron por la libertad de Puerto Rico en Europa, los Estados Unidos y América Latina.


La bandera puertorriqueña moderna (conocida como la monoestrellada) fue diseñada y adoptada en la ciudad de Nueva York en 1895 por los puertorriqueños patrióticos de la diáspora. Sí, la bandera nacional de Puerto Rico fue creada por Antonio Vélez Alvarado, un puertorriqueño de la diáspora en la ciudad de Nueva York, no en San Juan o Ponce. El Dr. Pedro Albizu Campos, mientras estudiaba en los Estados Unidos, apoyó la independencia de Puerto Rico y así lo pronunció en muchas reuniones y conferencias. Incluso después de servir en el Ejército de los Estados Unidos como teniente en la Primera Guerra Mundial, el Dr. Albizu Campos apoyó la independencia y regresó a Puerto Rico para construir al nuevo movimiento nacionalista en la década de 1930.


En el siglo 18, la diáspora estadounidense también fue importante para las colonias que se convertirían en los Estados Unidos. Benjamín Franklin, uno de los padres fundadores de los Estados Unidos, era un estadounidense en la diáspora que vivía y trabajaba en Londres y París, defendiendo y apoyando los intereses de las colonias y la independencia estadounidense. Incluso John Adams fue a Francia y a los Países Bajos para adelantar la causa de la independencia estadounidense y llegó a asegurar el apoyo francés. Si Benjamín Franklin pudo apoyar y abogar por la libertad de su país en Londres y París y Adams pudo representar los intereses estadounidenses en Francia, entonces también pueden los puertorriqueños en la diáspora apoyar y abogar por la libertad de Puerto Rico en Washington, D.C., Nueva York, Chicago, Orlando o en cualquier otro lugar del mundo.


Al igual que los irlandeses tuvieron que lidiar con los irlandeses unionistas pro británicos, y los indios tuvieron que lidiar con los indios coloniales pro británicos, y los patriotas estadounidenses tuvieron que lidiar con los estadounidenses pro británicos fieles al régimen colonial inglés, y los patriotas puertorriqueños antes de 1898 tuvieron que lidiar con los puertorriqueños pro españoles, así mismo los puertorriqueños soberanistas de hoy día (tanto en Puerto Rico como en la diáspora) tienen que lidiar con y resistir a los colaboradores coloniales puertorriqueños fieles al régimen colonial que usan la corrupción, el miedo, el terror, la pobreza y la violencia para promover la estadidad y la subordinación puertorriqueña al dominio colonial.


Como en muchos países, la diáspora puertorriqueña es esencial para el movimiento por la libertad de Puerto Rico, ya que ayuda a conseguir y movilizar personas, fondos y recursos a Puerto Rico durante las emergencias; representa y defiende los intereses puertorriqueños en los Estados Unidos; y lo más importante, la diáspora le demuestra a los Estados Unidos que los puertorriqueños son una nación fuerte, orgullosa, resistente e inasimilable que se resiste constantemente al dominio colonial. Los estadistas tampoco logran entender por qué tantos puertorriqueños viven en los Estados Unidos y otros países. No podemos olvidar que este éxodo masivo de boricuas se ha dado mientras Puerto Rico ha estado bajo la tutela y el domino de Estados Unidos. Los fracasos políticos y económicos del gobierno colonial corrupto en Puerto Rico, administrado por estadistas y colonialistas, han tenido el mayor impacto sobre por qué muchos puertorriqueños viven fuera de Puerto Rico.


La estadidad se alimenta y depende de la pobreza continua de los puertorriqueños. Mientras más pobreza y dependencia de los fondos federales haya, más apoyará la gente la estadidad, no como una forma de asimilarse a los estadounidenses sino de asegurar más fondos federales de los contribuyentes estadounidenses. Los puertorriqueños soberanistas y muchos estadounidenses lo saben, por eso entienden que la estadidad es una fantasía que nunca será aceptada por los Estados Unidos.

Si bien a los estadistas les gusta decir que estos puertorriqueños “eligieron la estadidad con los pies”, la realidad es que muchos puertorriqueños tuvieron que huir de Puerto Rico por razones económicas y políticas y por la falta de oportunidades profesionales, no porque quisieran “estadidad”. De hecho, mientras viven en los Estados Unidos, estos puertorriqueños en la diáspora experimentan y disfrutan la vida en una república independiente, aprenden sobre la libertad y la independencia y se apegan a su cultura e identidad nacional puertorriqueña, todo mientras sufren humillaciones por el racismo de algunos estadounidenses. Lejos, y libres del miedo y del control de los partidos estadistas y colonialistas de Puerto Rico, estos puertorriqueños en la diáspora en Nueva York, Nueva Jersey y Florida pueden aprender sobre la historia y la cultura puertorriqueña, particularmente sobre sus patriotas y la larga historia del movimiento libertario de Puerto Rico.


Estas experiencias y conocimientos sobre Puerto Rico moldean las actitudes de muchos puertorriqueños en la diáspora que apoyan la soberanía nacional. Los estadistas y colonialistas en Puerto Rico le temen a estos puertorriqueños soberanistas en la diáspora precisamente porque éstos no les temen a los estadounidenses, se criaron en una república que valora la libertad y la independencia, y están fuera del alcance e inmunes a los intentos de aterrorizar y manipular políticamente de los estadistas y colonialistas. Para los estadistas, estos puertorriqueños en la diáspora son una amenaza constante a la noción, el concepto y el ideal de la estadidad, que anexaría permanentemente a Puerto Rico a los Estados Unidos.

Una vez más, si bien muchos estadistas desprecian a los puertorriqueños soberanistas en la diáspora y buscan limitar sus derechos y sus voces, no parece importarles cuando los estadistas en los EE.UU., particularmente los exgobernadores y políticos corruptos que residen en Virginia y Florida, apoyan la estadidad y la destrucción de la nación puertorriqueña. Después de todos estos años de miedo y terror, a los estadistas se les hace inimaginable que muchos puertorriqueños en la diáspora apoyen la libertad y la soberanía de Puerto Rico.


Por supuesto, muchos de estos estadistas quieren los beneficios económicos y de asistencia social de la estadidad mientras vivan en Puerto Rico, donde no tienen que interactuar con ‘verdaderos’ estadounidenses angloparlantes. La estadidad se alimenta y depende de la pobreza continua de los puertorriqueños. Mientras más pobreza y dependencia de los fondos federales haya, más apoyará la gente la estadidad, no como una forma de asimilarse a los estadounidenses sino de asegurar más fondos federales de los contribuyentes estadounidenses. Los puertorriqueños soberanistas y muchos estadounidenses lo saben, por eso entienden que la estadidad es una fantasía que nunca será aceptada por los Estados Unidos.


Muchos puertorriqueños y estadounidenses, haciéndose eco de las palabras del embajador de los Estados Unidos ante la OEA, Carlos Trujillo, en una reunión de 2018 de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos con respecto a Puerto Rico, creen que aquellos en Puerto Rico que se creen estadounidenses y desean votar por el presidente de los Estados Unidos “tienen la libertad de mudarse a los Estados Unidos si quieren participar en las elecciones estadounidenses”, permitiendo que aquellos que deseen seguir siendo puertorriqueños tengan un país propio.


Así como muchos irlandeses-americanos apoyaron una Irlanda libre y muchos estadounidenses en la diáspora en Londres apoyaron la libertad de las Trece Colonias, así también muchos puertorriqueños en la diáspora apoyan y defienden las aspiraciones de Puerto Rico a la libertad, la democracia y a tener su propia nación en el mundo.


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* Javier A. Hernández es el autor de PREXIT: Forjando el camino de la soberanía de Puerto Rico. Es un escritor, lingüista y propietario de una pequeña empresa puertorriqueña con sede en Nueva Jersey. Se especializa en relaciones internacionales y seguridad, descolonización, estrategias de formación de naciones y la diplomacia de estados pequeños, y se le puede seguir en Twitter @PRexitBook, Facebook y en: PRexitBook.com.


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